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MEMORIAS ANTERIORES A MÍ

MEMORIAS ANTERIORES A MÍ

1. MEMORIAS ANTERIORES A MÍ

 

Yo de bebé, con mi abuelo y mi abuela. Oseja de Sajambre.

Mis abuelos se llamaban Antonio y Antonia.

Antonia se fue a trabajar a una casa de labor, y allí trabajaba Antonio, un jovencito muy guapo del que se enamoró, al igual que él de ella. De esta manera empezaron una relación que nadie conocía. Al cabo de un tiempo los jefes se enteraron y los despidieron, porque pensaron que siendo pareja trabajando en el mismo lugar no iban a rendir igual. Entonces decidieron casarse. Empezaron a preparar papeles y descubrieron que eran primos carnales. Antonio Toribio Tomás y Antonia Tomás Toribio. Ahí se lió la más gorda, no se podían casar a no ser que pidieran permiso al Papa. Al fin llegó la dispensa y se casaron. Tuvieron 7 hijos: Urbano, Pilar, Manuel, Tano, Dominica, Antonio y Ángeles. la más pequeña.

Mi madre preciosa, Ángeles, nació en Abiegos en febrero de 1923. Pronto se fueron a un pueblo espectacular en el monte llamado Carangas. En este pueblo situado a 4 Km de la carretera general subiendo un puerto de vértigo, vivió mi mamá su infancia. Allí fue a la escuela, que tenía un jardín precioso. Allí le enseñaron a leer, escribir y socializar, cosas que aprendió muy bien. Le encantaba escribir, la música, si hubiera tenido oportunidad sin duda habría sido una gran pintora o escritora, cosa que consiguió cuando ya era mayor. Pintó un montón de cuadros al óleo sin haber ido nunca a aprender, y escribió un cuento y un libro. También se le daban muy bien los trabajos manuales. Era autodidacta y tenía talento natural. Incluso expuso en una sala de arte junto con otros artistas en León, en un evento que le preparó Carlos, hijo de mi prima Angelines, nieto de mi tía Dominica. Los cuadros están repartidos entre sus hijos y nietos y algún otro familiar. Mi padre, en cuanto ella terminaba un cuadro, venía a León a enmarcarlo.

En la escuela aprendió también a hacer trastadas , como todos los niños, y el maestro les castigaba sacándoles a hacer el tonto que hacían en clase a la calle, para que lo viese todo el mundo.El problema era cuando pasaba su padre por delante de la escuela y la veía castigada. Iba y se lo contaba a la madre, y cuando llegaba ella a casa la recibía con una vara verde detrás del culo, pero no pasaba nada, que ella era muy graciosa. .

Mi mamá me contaba una historia: estaba muy intrigada por saber qué pasaba bajando aquella cuesta que su papá bajaba con un caballo y venía con cosas. Entonces ella y su hermano Antonio, que sólo tenía un año más, eran pequeñines, se animaron y bajaron toda la montaña a conocer mundo. La idea era volver para la hora de comer, pero aquello se alargó tanto, que llegó la noche y seguían buscando cómo volver. Una familia los recogió, pero ya andaban su familia y la guardia civil buscándolos… Ella ya era una gran aventurera.

En ese pueblo también vivían su hermano Manuel, su mujer y sus hijos. Se vivía de la ganadería y de sus cultivos,

A Antonio, mi abuelo, un día le ofrecieron un trabajo en un pueblo llamado Oseja de Sajambre. No les hacía mucha gracia cambiarse de lugar, pero pensaron que quizá era bueno para su futuro y se fueron. En Oseja vivía su hermano Tano, con Tomasa y sus hijas. Mi mamá empezó a ir a la escuela y todo muy bien. El pueblo era precioso y allí se hizo una adolescente. Tenía muchos amigos y amigas y le gustaba su vida, hasta que llegó la guerra civil.

A sus hermanos Urbano y Antonio los reclutaron. Antonio tenía 16 años, Urbano era mayor. A Urbano se lo llevaron los rojos y a Antonio los nacionales. Un día que estaban hablando los de un bando con los del otro a través de una alambrada, coincidieron los dos cada uno en un lado y de alguna manera uno de ellos se cambió al otro para estar juntos.

A Manuel, que seguía en Carangas, lo escondió su mujer debajo de la cocina en un agujero que hicieron y allí se quedó los 3 años que duró la guerra. Lo buscaron por todas partes y no lo encontraron. Él salía por la noche del agujero… En unos meses apareció mi tía embarazada y alguien del pueblo les denunció. Cuando fueron los militares a ver qué pasaba allí, que su marido había desaparecido y ella estaba embarazada, ella les contestó “Ay fillos, de algo hay que vivir y alimentar a los otros”,¡jaja!

A mi madre la reclutaron de Falange para preparar paquetes, que se repartían entre las mujeres que ayudaban en la guerra. Se trasladaron pero no recuerdo a qué ciudad. Les daban ropa interior y enseres a las que lo necesitaban. Allí vio por primera vez las medias de cristal, que aún no se conocían en España. Todo ésto lo dirigía Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio.

En casa de mis abuelos en Oseja, como había muchos hijos, también había muchos amigos. Había uno llamado Felipe, que vivía al lado, que siempre estaba en casa, era como un hermano más. Empezó a fijarse en mi madre, cada vez que la veía quería estar con ella, pero ella no quería amores con él porque le veía como su hermano. Aquello derivó en acoso, luego en embarazo, y al final nací yo. Él se pasó el embarazo haciendo una cama y una cunita, y mi madre vomitando cada vez que lo veía. Sus hermanos y familia le decían que tenía que casarse con él, que tenía que ser así, que ya le cogería cariño con el tiempo. Pero ella ni oír hablar del asunto.

Cuando mi mamá se puso de parto, vieron que la cosa se estaba alargando y fueron a llamar al médico. Éste dijo que tenía que ir a misa y que luego pasaría, así que tuve que esperar un rato más. Finalmente, nací EL domingo 29 de enero de 1950, después de misa. Debe venir de ahí mi antipatía de toda la vida por las misas y los curas.

En cuanto nací me bautizaron en la iglesia tan bonita que tiene el pueblo. Tuve 3 madrinas. La oficial fue mi tía Dominica, las otras eran dos amigas que se llamaban Elena y Magdalena. El padrino fue mi tío Tano. Como no se pusieron de acuerdo en cómo llamarme, me quedé con María Dominica Elena Magdalena. Porque en aquellos tiempos a casi todas nos ponían el “María” delante del nombre, en mi caso nombres.

Iglesia de Oseja de Sajambre

Enseguida mi madre preparó viaje y nos vinimos ella y yo a León, yo en brazos, en mantillas. En León vivía mi tía Dominica, que nos dejó una casita que tenía en Villaobispo, a la cual vinieron después de un tiempo también mis abuelos a vivir.

Esa casa tenía una huerta en la que había muchos tomates y uvas. El pueblo consistía en dos filas de casas, a un lado y al otro de una carretera sin asfaltar. Los alrededores eran prados y huertos. Si se quería se podía ir hasta León atravesándolos. Por esa calle pasaban los pocos coches que subían y bajaban a Villavente y a todos los demás pueblos de la comarca, llamada La Sobarriba. Y era compartida con todas las idas y venidas de burros, vacas, ovejas, mil perros, etc… Las mujeres que se dedicaban al comercio de leche iban a León con una burra, que transportaba dos grandes lecheras, una a cada lado. Se montaban verdaderas caravanas de lecheras que bajaban de todos los pueblos a repartir por León.

El nombre La Sobarriba proviene de la expresión latina “Supra Ripa”, que se traduce literalmente como «sobre la ribera» o «sobre los ríos», que en este caso son el Torío, el Bernesga y el Porma.

A mi abuela le había dado un ictus hacía algunos años y estaba impedida. El primer recuerdo que tengo es cuando falleció mi abuelita, que estaba en el pasillo en su caja, con toda la gente alrededor. A mí me tenían en brazos.

Por entonces, todavía apareció mi padre Felipe, para intentar convencer a mi madre de que se fuera con él. Ella se negó en redondo, y él se rindió. Se fue a vivir a San Sebastián llevándose con él a mi tío Antonio, y se hizo guardia civil.

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